Obra ⇁ Razas

Montaraz

Así llamaban a los Dúnedain del norte tras la desaparición de sus reinos y la pérdida de sus tierras; sus capitanes eran los herederos del úlrimo rey Arvedui. Llevaban una vida dura y, cuando visitaban «El Poney Pisador» en Bree, igual que Trancos, los miraban con desconfianza; la gente honrada como el posadero Mantecona los consideraba capaces de atracos callejeros.

Los montaraces tenían antecesores famosos: Beren, Túrin y Tuor llevaron temporalmente una vida parecida. Incluso los viejos cantores, que conmemoraban sus hazañas, los llamaban a veces «proscritos». Se sobrentiende que merecieran este nombre desde el punto de vista del enemigo, cuyas leyes desacataban y a los que mataban sin compasión; pero algunos de ellos tampoco gozaban de mucho aprecio entre los Edain y los Eldar.

Esto concierne sobre todo a la banda a la que se unió Túrin después de huir de Doriath. La formaban hombres de las tierras del norte que habían abandonado sus antiguos hogares tras las victorias de Morgoth. Aún seguían dispuestos a combatir a los orcos, pero ni los Haladin, ni nadie que fuera algo más rico que ellos mismos, estaba seguro de no caer en uno de sus asaltos. Atracaban, asesinaban y violaban. Los elfos de Doriath y Nargothrond no los consideraban aliados.

Después de la destrucción del reino de Rhovanion por los Aurigas, los montaraces también se esparcieron por aquella región. Beorn y su linaje se habían vuelto acomodados y sedentarios; aparte de ellos había algunos otros hombres del bosque en circunstancias precarias. Tras la Guerra del Anillo recibieron de Thranduil y Celeborn la parte central del Bosque.