Obra ⇁ Personajes

Melkor

Q. Melkóre, el «poderoso Rebelde» de entre los Ainur, hermano de Manwë. Desde el principio se rebeló contra la voluntad de Ilúvatar y se atrevió a generar pensamientos propios. Cuando se creó Arda, quiso acabarla a su antojo sin la intervención de nadie más. Concibió grandes incendios y ordenó cruentas heladas. Poseía algo de todos los talentos de los otros Valar: era más creativo que Manwë, pero no tenía la paciencia ni el sentido para las obras pequeñas y delicadas; prefería lo grande, lo poderoso y lo chillón. También quería decorar la tierra para los Elfos y los Hombres, de modo que estos se convirtieran en sus adoradores y súbditos. No obstante, había algo que comprendió mejor que los otros Valar: la creación no quedaba completa sin los monstruos.

Cuando los Valar se pusieron a trabajar, también Melkor adoptó un cuerpo visible: «a causa del temple que ardía en él, esa forma era terrible y oscura... como una montaña que vadea el mar y tiene la cabeza por encima de las nubes, vestida de hielo y coronada de fuego y humo..». Con este traje enseñó a los otros Valar lo que era el terror; derrumbaba sus montañas, derramaba sus mares y no dejaba nada en paz. Al final llegó Tulkas, el gran púgil, para ayudarles; por un tiempo expulsó a Melkor. Sin embargo, pronto volvió a entrar secretamente en el Norte, construyó su fortaleza Utumno y empezó a criar monstruos. Con él fue todo un séquito de Maiar y demonios menores, entre ellos los Valaraukar (Balrogs). Así asaltó a los Valar en la Isla Almaren, destruyó las grandes lámparas Illuin y Ormal, instaladas en el Sur y el Norte, y desordenó tierras y mares. Los Valar se retiraron al Oeste más lejano y alzaron las Pelóri como muralla protectora contra él. Manwë temblaba ante Melkor y prefería seguir los acontecimientos en la Tierra Media desde lejos.

Tras el Despertar de los Elfos, Melkor comenzó con la cría de Orcos. Entonces los Valar se dieron cuenta de la responsabilidad que tenían con los Hijos de Ilúvatar y marcharon a la guerra contra Melkor. Vencido y atado con la cadena Angainor lo llevaron a Valinor. Allí tuvo que permanecer durante tres Edades en la fortaleza de Mandos. Después le dieron la oportunidad de mostrar arrepentimiento y prometer enmendarse. Le permitieron moverse libremente dentro de los muros de Valmar. A causa de la hipocresía a la que se veía forzado, su odio hacia el mundo creció hasta lo inconmensurable. Consiguió insinuar a los Noldor algunas ideas prohibidas, y estos percibieron algo de su secreta sabiduría divina; no debería descartarse pues que Fëanor se hubiera aprovechado un poco de él, aunque crease los Silmaril él solo.

Al final, Melkor robó los Silmarils, destruyó los Dos Árboles de Luz con la ayuda de Ungoliant y huyó al norte de la Tierra Media. Todos los demonios que se habían librado de la expulsión en la última guerra y todos los bichos, múltiples en la riqueza de las especies de Melkor, esperaban allí el retorno de su Señor y Maestro; pero Melkor ya no era el de antes. Ahora era Morgoth «Enemigo Oscuro del Mundo» -así lo llamó Fëanor-, cuya ingenua obstinación original se había convertido en astucia y ansia de destrucción. Ni su propio séquito estaba seguro ante sus vilezas. Construyó la fortaleza de Angband, engastó los Silmaril en una corona de hierro, que ya nunca se quitaría, y se designó Rey del Mundo.

Morgoth se convirtió en el nombre usual entre los elfos y los edain; incluso los Hombres de Oriente solían usarlo. Por ello, ni en Angband pudo Melkor librarse de este trato. A menudo se intentaba evitar la utilización de cualquiera de los nombres, lo que llevó a la creación de numerosas denominaciones sustitutivas como Bauglir (Opresor), Rey Oscuro, Padre de la Mentira, Señor de la Oscuridad, etc. Sin embargo, el nombre de Morgoth afectaba a Melkor no sólo en lo referente a su reputación -que el orgulloso Vala habría superado fácilmente-, sino que lo condenaba y ataba a una clara e irremplazable figura terrestre. Había agotado su poder creativo original y él mismo ya no era muy diferente de sus criaturas. Se convirtió en un ser temeroso y preocupado por su exterior. Después de las heridas que le causaron Fingolfin y Thorondor nunca más se expuso a un peligro corporal, encerrándose en su fortaleza del Norte.

Tras siglos de luchas contra los elfos y los hombres, los Valar, tras presentarse Eärendil ante ellos, decidieron acabar de una vez por todas con Morgoth. Los Valar atacaron Angband y apresaron a Morgoth de nuevo tras una durísima batalla. Lo encadenaron y le cortaron sus manos y sus pies, y lo desterraron al Vacío Intemporal, fuera de Arda, sin posibilidad de regresar jamás. Él fue desterrado, pero el mal que había creado y alimentado siguió azotando la Tierra Media, y otros, como su antiguo sirviente Sauron, recogieron su testigo como Señor Oscuro.

Apariciones

El Silmarillion El Hobbit El señor de los Anillos
La Comunidad del Anillo Las Dos Torres El Retorno del Rey